- Esta jornada ha contado con la participación de Ana Ollé, directora de Asuntos Europeos de Foment del Treball, y Salvador Sedó, director de Desarrollo Sostenible y de Seguridad y Defensa de la patronal
En un contexto internacional marcado por la intensificación de los conflictos —de Ucrania a Oriente Medio—, la escalada en Irán y la incertidumbre derivada de la nueva Administración estadounidense, la defensa ha dejado de ser un ámbito periférico para situarse en el centro de la agenda política, industrial y estratégica de España y de la Unión Europea.
Sobre esta premisa se ha articulado el microespacio organizado por Agenda Pública en el Palau Macaya, en el que han participado, por parte de Foment del Treball, Ana Ollé, directora de Asuntos Europeos, y Salvador Sedó, director de Desarrollo Sostenible y de Seguridad y Defensa.
El acto también ha reunido al vicesecretario general adjunto de la OTAN y representante especial para la Vecindad Sur, Javier Colomina, y al secretario general del Departamento de Empresa y Trabajo de la Generalitat de Catalunya, Pol Gibert. Moderado por la directora del Center for the Governance of Change en IE University, Irene Blázquez. Del mismo modo, el encuentro ha congregado a decisores públicos y expertos en un formato reducido orientado al intercambio estratégico, con la participación de representantes de CIDOB, Foment del Treball, Indra y de las instituciones europeas, junto a académicos y especialistas del ámbito industrial y tecnológico.
El director y editor de Agenda Pública, Marc López Plana, ha presentado a los ponentes el debate sobre la necesidad de reforzar la autonomía estratégica, reducir dependencias críticas —especialmente en materias primas y tecnologías clave— y desarrollar una base industrial propia, un elemento central que ha pasado de ser una aspiración de largo plazo a una prioridad inmediata. En este escenario,Europa avanza impulsada por un entorno geopolítico que exige respuestas más rápidas, coordinadas y ambiciosas, con una industria de defensa cada vez más central como vector de innovación, competitividad y reindustrialización.
España como miembro de la OTAN y actor clave de la relación atlántica
El encuentro ha puesto de relieve el reajuste en curso entre la OTAN y la Unión Europea. Si bien la Alianza y EE. UU. han constituido tradicionalmente el principal paraguas de seguridad europeo, los participantes coincidieron en que este esquema resulta hoy insuficiente por sí solo. Como ha señalado Colomina, la UE no se ha despertado, sino que ha sido despertada, empujada por las crisis y la llegada de la Administración Trump a acelerar el desarrollo de sus propias capacidades. El reto pasa por avanzar hacia una mayor autonomía estratégica sin romper los vínculos transatlánticos, reequilibrando una relación históricamente asimétrica y adaptándola a un nuevo escenario en el que Europa debe asumir un papel más activo en su propia seguridad.
La industria de defensa se consolida así como una pieza clave tanto desde el punto de vista estratégico como en su dimensión económica e industrial. Su carácter transversal —con aplicaciones en ámbitos como la ciberseguridad, la inteligencia artificial o los materiales avanzados— la sitúa en el centro de los procesos de reindustrialización europeos. España parte de una posición relevante gracias a una industria ya estructurada en torno a «corredores de defensa», mientras que Catalunya cuenta con un ecosistema especialmente competitivo de pymes tecnológicas y empresas vinculadas a tecnologías de doble uso.
A este respecto, el catedrático e investigador del Instituto Español de Estudios Estratégicos, Rafa Martínez, ha subrayado la importancia de no limitar la apuesta a las pymes y de impulsar también a las empresas tier 2, que actualmente trabajan para grandes multinacionales del sector y concentran un elevado potencial de crecimiento y rentabilidad. Esta combinación abre oportunidades concretas para el posicionamiento en las nuevas cadenas de valor estratégicas europeas, en un contexto de creciente inversión y apoyo institucional.
La conversación ha incorporado también una reflexión sobre la velocidad del cambio y sus implicaciones sociales y políticas. Como ha apuntado la catedrática de Ciencia Política en la Universitat de Barcelona Ana Mar Fernández Pasarín, el ecosistema institucional, empresarial y social se enfrenta al reto de adaptarse a un cambio de paradigma acelerado, en el que la sostenibilidad —hasta hace poco eje central del discurso europeo— convive ahora con la autonomía estratégica como prioridad. Lejos de ser agendas excluyentes, los participantes coincidieron en que ambas deben integrarse.
Pol Gibert ha subrayado la necesidad de reforzar la pedagogía pública en torno a la defensa y ha apuntado que, a nivel regional y local, la apuesta por este sector puede tener un impacto socioeconómico significativo, tanto en la generación de empleo cualificado como en la creación de riqueza.
Por su parte, la consejera de Agenda Pública Marta Pascal ha advertido de que, aunque las crisis pueden abrir ventanas de oportunidad para avanzar en la integración europea —como sugiere la conocida máxima de Jean Monnet—, también entrañan riesgos significativos que deben gestionarse con cuidado, tanto por su complejidad como por su posible impacto en la opinión pública y en el ámbito electoral. La construcción de una Europa de la defensa será necesariamente un proceso gradual, que exigirá continuidad política, inversión sostenida y una gestión equilibrada de sus implicaciones económicas y sociales.









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