- Foment del Treball ha acogido la presentación de la 22.ª edición del estudio
- El modelo de crecimiento extensivo ha agotado su capacidad tractora
- El futuro competitivo de Cataluña dependerá de la calidad de sus ecosistemas y de la capacidad para retener talento
La edición 2026 del Índice FEGP de Competitividad y Sostenibilidad Comarcal constata un cambio estructural en las bases del desarrollo económico en Cataluña. El estudio ha sido presentado hoy en la sede de Foment del Treball con las intervenciones de la presidenta de FEGP, Neus Lloveras, el director de Economía y Estudios de Foment, Salvador Guillermo, y el redactor del proyecto, David Moreno. Las reglas del juego han cambiado: la proximidad física a los grandes mercados, la abundancia de suelo o las infraestructuras duras han sido desplazadas por activos intangibles de un nuevo tipo. La competitividad territorial depende hoy de la capacidad de los territorios para adaptarse, generar conocimiento y construir ecosistemas resilientes.
La lectura de esta edición demuestra que el crecimiento puro no garantiza competitividad si no va acompañado de valor añadido y cohesión. El nuevo mapa territorial ya no dibuja una división simplista entre ganadores metropolitanos y periferias rezagadas. La verdadera línea divisoria separa los ecosistemas capaces de integrar las transiciones tecnológicas y ecológicas de aquellos que permanecen bloqueados por sus propias limitaciones estructurales de modelo.
La vivienda y el talento como nuevas infraestructuras críticas
El principal fenómeno estructural que emerge del análisis es la elevación de la vivienda y el talento a la categoría de infraestructuras críticas. La vivienda ha trascendido su dimensión social para consolidarse como un factor económico determinante. La tensión de precios y la congestión urbana expulsan el talento. Sin este capital humano, el territorio pierde capacidad de innovación y de atracción de inversiones.
Esta nueva realidad impacta de lleno en el núcleo metropolitano. Aunque comarcas como el Barcelonès, el Vallès Occidental o el Baix Llobregat mantienen un liderazgo global sólido gracias a las economías de aglomeración, el Índice FEGP advierte de una dinámica de desgaste. La presión ambiental, la escasez de suelo y el encarecimiento del espacio erosionan sus propias ventajas competitivas. Las potencias líderes muestran grietas persistentes en sostenibilidad social y ambiental: un factor expulsor que pone a prueba su modelo tradicional de crecimiento.
La emergencia de las economías intermedias
Como respuesta a la saturación de las áreas centrales, el informe documenta la consolidación de una tendencia clave. Territorios que no pertenecen estrictamente a la esfera metropolitana —Osona, el Bages, el Gironès— están articulando ecosistemas altamente resilientes. Su fortaleza radica en una nueva capacidad de arbitraje territorial: ofrecen un equilibrio atractivo entre especialización productiva modernizada, calidad de vida y presión inmobiliaria contenida. Estos espacios captan el talento y las actividades de alto valor añadido que buscan un entorno con mejores condiciones de sostenibilidad y relación.
El agotamiento del modelo residencial y litoral
En contraste, el Índice alerta sobre el agotamiento de las trayectorias de las comarcas con un dinamismo exclusivamente residencial. Territorios como el Baix Penedès o el Garraf presentan un fuerte crecimiento demográfico y una intensa creación de empresas de base, pero muestran dificultades para traducir este dinamismo en un tejido económico de alto valor añadido. Esta disociación entre población y fortaleza económica genera el fenómeno del «talento durmiente»: capital humano cualificado que reside en la comarca, pero que produce e innova fuera de ella. El resultado es estructuralmente paradójico: el talento contribuye a la riqueza del Área Metropolitana, pero el consumo de servicios y las externalidades recaen sobre el territorio de origen. La escasez de suelo industrial y la debilidad de una red de innovación institucionalizada amenazan con bloquear el salto cualitativo de estos territorios.
La hiperespecialización como riesgo a medio plazo
El Índice FEGP 2026 subraya también la vulnerabilidad de la hiperespecialización en industrias tradicionales. Comarcas como el Alt Penedès, con un potente clúster agroindustrial y vitivinícola, muestran tensiones de renovación. La especialización actúa como escudo a corto plazo y protege el empleo, pero la pérdida de posiciones relativas en innovación y emprendimiento evidencia un riesgo de estancamiento competitivo a medio plazo.
También conviene prestar atención a las comarcas de base energética —como la Ribera d’Ebre—, que se enfrentan a la urgencia de construir un tejido diversificado antes de que su motor económico se replantee definitivamente. La baja densidad poblacional no debe interpretarse como una debilidad inexorable. La conectividad digital y los nuevos modelos laborales abren trayectorias de desarrollo en las que el capital ambiental y la bioeconomía adquieren un valor económico directo. La condición es que existan redes de inversión y acompañamiento institucional que hagan viable la transición, hoy todavía claramente insuficientes en muchas de estas comarcas.
Capacidades de transformación y orientación estratégica
La lectura acumulada del Índice (2003–2025) confirma que las economías industriales diversificadas soportan los choques globales de manera mucho más eficiente que las basadas en crecimientos extensivos. La conclusión estratégica que se desprende de esta edición es directa: los territorios que quieran consolidar su competitividad deberán trascender las políticas basadas meramente en la atracción física de inversiones.
La capacidad transformadora de una comarca ya no dependerá de su volumen, sino de su habilidad para articular ecosistemas territoriales complejos. Esto exige alinear, bajo un mismo vector de actuación, la planificación urbanística, la estructura productiva, el conocimiento aplicado y el bienestar de la población.
Las instituciones y los agentes socioeconómicos deben tratar la vivienda, la cohesión social y la transición verde como los pilares innegociables de la nueva política de desarrollo. Concretamente, esto implica avanzar en políticas conjuntas de suelo industrial supramunicipal, en vivienda dotacional articulada en torno a parques empresariales y de conocimiento, y en plataformas de innovación que conecten el talento local con los mercados exteriores. Sin activar estas palancas, el éxito demográfico o los liderazgos del pasado resultarán insuficientes para afrontar el nuevo ciclo competitivo europeo.











Comments are closed.